Behavioral counseling

Behavioral counseling ¿Qué es la consultoría conductual?

El término inglés counseling presenta dificultades para su traducción al castellano. De hecho se están utilizando diversos términos para denominar a esta disciplina, tales como consejo psicológico (Krumboltz y Thorensen, 1981), consejería o, como hemos hecho nosotros, consultoría. El término conductual aclararía que la tecnología empleada en el desarrollo clínico sería la proveniente de la psicología conductual. En el contexto hispano no sólo presenta dificultades el término que se utiliza para designarla sino también la delimitación y definición de la consultoría como una forma de actuación diferenciada dentro de la psicología clínica. Una de las definiciones más aceptadas es la de Southern y Caprara (1984) quienes habla de una disciplina que optimiza el comportamiento de los individuos en su medio social mediante la facilitación del desarrollo personal, la integración del individuo en el ambiente, la aceptación de las diferencias individuales, la comprensión del desarrollo vital y la reformulación de las propias demandas y problemas. Desde esta perspectiva, los objetivos de la consultoría conductual serían fomentar:

— el establecimiento de metas razonables;

— la habilidad de resolución de problemas interpersonales;

— la habilidad de autocontrol:

— el desarrollo de estrategias de afrontamiento.

En definitiva, se trataría de que el piscólogo promoviese el proceso de cambio optimizando los recursos que ya existen en el repertorio conductual del cliente. Existen ciertas características diferenciadoras de la consultoría conductual con respecto a la consultoría tradicional (Southern y Caprara, 1984). Así, la consultoría tradicional utiliza estrategias fundamentalmente instruccionales, enfatiza el mantenimiento de una actitud empática y comprensiva, considera que se tiene que producir un cambio valorable a través de tests y establece que la relación entre el psicólogo y el individuo que presenta el o los problemas ha de ser una relación de ayuda (del experto al paciente). Por el contrario, la consultoría conductual utilizaría todas las técnicas derivadas de la psicología del aprendizaje, fundamentalmente estrategias instruccionales, de condicionamiento y de modelado, destacando el análisis de las posibilidades del cliente en su medio concreto y el establecimiento conjunto de metas de cambio así como el entrenamiento de habilidades para la generalización su ambiente natural.

Las características de la consultoría conductual, de acuerdo con diversos autores

(Hallam 1992; Janis, 1987) son las siguientes:

1. Los problemas son identificados por el cliente y especificados en colaboración con el psicólogo. Las metas se determinan y modifican para cada cliente específicamente.

2. El psicólogo es responsable de la adecuada especificación y clarificación de los problemas y de los resultados esperados y de la elección del tipo de intervención. El cliente tiene responsabilidad y capacidad para el cambio.

3. Se promueve la adquisición y desarrollo de conductas adaptativas, especialmente aquellas que están en el repertorio conductual del cliente, más que la eliminación de conductas desadaptadas.

4. La consultoría es esencialmente un proceso de enseñanza.

5. La consultoría es un proceso sistemático de resolución de problemas.

6. La intervención es algo más que hablar: los cambios se acompañan de acción.

7. La principal meta de la consultoría es la promoción de habilidades de toma de decisiones y la autonomía.

Uno de los objetivos más importantes de la consultoría conductual es lograr el incremento de la autoeficacia del individuo: desde el primer momento el cliente aprende a sentirse responsable de los cambios; él es quien posee los recursos y habilidades para solucionar sus problemas actuales o futuros (la vertiente preventiva de la disciplina es fundamental), aunque quizás hasta ese momento lo desconozca, no sepa como usarlos o los haya estado utilizando de forma inadecuada o insatisfactoria. De ahí la brevedad de este tipo de terapias, que no hacen si no potenciar y optimizar las habilidades que ya se encuentran en el repertorio conductual del individuo.

Es difícil explicar que es lo que hace que el individuo que participa en terapias de este tipo modifique su comportamiento y mantenga el cambio. Se han dado explicaciones alternativas (Janis, 1987; Southern y Caprara, 1984) que, desde nuestra perpectiva, no tienen que ser excluyentes si no todo lo contrario, complementarias: sin duda se produce un proceso de racionalización del problema que facilita la comprensión del mismo y, de ahí, la puesta en práctica de soluciones eficaces. También parece claro que la credibilidad del psicólogo, su habilidad para operativizar el problema, comunicárselo al cliente y mostrarle cual puede ser la forma de iniciar y afrontar el proceso de cambio, son factores fundamentales para explicar la eficacia de la consultoría. Por otra parte, el establecimiento de una relación empática entre ambos parece ser también una pieza clave en el desarrollo efectivo de cualquier terapia, pero todavía más en el tipo que aquí nos ocupa, ya que desde el primer momento el psicólogo se va a convertir en un elemente motivador y reforzante del cambio iniciado por el cliente.

Los procesos de evaluación y tratamiento en la práctica de la terapia de conducta van íntimamente unidos, si bien las primeras sesiones suelen dirigirse a la evaluación del problema sin un objetivo terapéutico definido; inevitablemente se producirán algunos cambios en la conducta del individuo (aunque sólo sea por la reactividad del autorregistro o el efecto de «saberse en tratamiento»), pero tales cambios espontáneos ni suelen ser duraderos ni el objetivo del psicólogo es que lo sean (de hecho no tiene que haber un objetivo terapéutico claro hasta que tengamos el análisis funcional del problema). Sin embargo, en consultoría desde la primera sesión de tratamiento, la tarea del psicólogo ha de estar dirigida a facilitar la comprensión del problema por parte del cliente y a utilizar cualquier cambio que ocurra, de forma espontánea o provocada, para conseguir cambios mayores o a largo plazo (Hallam,

1992). Evaluación y tratamiento discurren simultáneamente y los objetivos terapéuticos se confunden con los objetivos de la evaluación; las hipótesis acerca del problema que el psicólogo se va formando se contrastan a través de las tareas que el individuo ha de realizar desde el primer momento.

Para conseguir que el individuo actúe es necesario que, en primer lugar, entienda por qué tiene que actuar (es decir, que la solución de su problema radica en su propio comportamiento y que la actuación que el psicólogo le sugiere o indica es un paso hacia ésta); para ello el psicólogo ha de saber explicar (y, por supuesto, entender) por qué el problema se mantiene. Pero una correcta explicación y comprensión del problema no garantiza el cambio; para actuar en la dirección adecuada el cliente ha de sentirse capaz de hacerlo, o al menos estar motivado para intentarlo. En este punto son fundamentales las dos variables a que antes nos referíamos: credibilidad y empatía. Una adecuada selección de las tareas que el cliente haya de realizar, la selección de objetivos de acuerdo con las habilidades que el cliente muestre en cada momento de la terapia (y especialmente en estos primeros momentos) garantizará el éxito en la consecución de los mismos y reforzará la ejecución futura: el individuo comprobará que ese es el camino correcto hacia la solución de sus problemas y que él es capaz de seguirlo. De esta forma avanzaremos con seguridad hacia el desarrollo de la autoeficacia y el autocontrol, habilidades claves para el mantenimiento del éxito a largo plazo.

LA CONSULTORÍA CONDUCTUAL (BEHAVIORAL COUNSELING)
COMO FORMA DE ASISTENCIA PSICOLÓGICA:
SEIS AÑOS DE ACTIVIDAD CLÍNICA EN LA UNIVERSIDAD
AUTÓNOMA DE MADRID
Mª Xesús Froján Parga1
, Santos Orejudo Hernández,
Isabel Carrasco Cabeza y Teresa Hernández López
Universidad Autónoma de Madrid

Fuente: http://www.funveca.org/revista/PDFespanol/1998/art06.3.06.pdf

Contenido seleccionado por, Carlos G. Torrico Psicologo, para ePsicologia.eu

 

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